Menores y borrachos


Hoy a compartir un articulo de el diario El Pais…. me parece muy interesante y al menos a mi me hace pensar que los niños y jñovenes se nos van de las manos. ¿En qué demonios estan pensando algunos padres? No se trata de controlar las  horas a los hijos, se trata de hacerles ver el camino correcto.

A mi no me vale que me digan , siempre se ha bebido, o yo de joven hacia lo mismo, no….  Estamos hablando de menores , de niños, de trece años que se emborrachan mientras sus padres no hacen nada para evitarlo…. Yo me pregunto ¿donde creen los padres que va un menor de doce o trece años un fin de semana a las tantas? ¿a jugar al parchis con los vecinos?

Despues estan los que pegan palizas y se comportan como verdaderos salvajes…. pero esa es otra historia

 

 

Menores que acaban en el hospital

El fallecimiento de la niña ha causado una gran alarma en una sociedad con una gran permisividad hacia el consumo y la venta de alcohol a menores. Los expertos sanitarios aseguran que casos tan graves y con desenlace fatal son aislados, pero los datos muestran una realidad poco tranquilizadora: al menos 5.000 menores fueron atendidos por intoxicación etílica en 2015 por los servicios de urgencias en España, según información recabada por este periódico de las diferentes consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas.

El número total es sin duda mucho mayor. No todas las regiones recogen estadísticamente el número de menores borrachos que acaban en una ambulancia, hospital o centro de salud. Y, cuando lo hacen, algunas registran la cifra de chavales atendidos en todas las urgencias mientras otras refieren solo las urgencias hospitalarias o solo las extrahospitalarias. Algunas registran a todos los menores y otras solo a los menores de 15, o solo a los mayores de esta edad. Además, cada hospital recoge los datos de una forma distinta.

“Sería esencial crear un indicador nacional para hacer una radiografía correcta”, afirma Francisco de Asís Babín, delegado para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad. “Esos 5.000 menores son solo la punta del iceberg. En esa cifra son todos los que están pero no están todos los que son. Los que llegan a urgencias y no aparecen en las estadísticas son muchos, y muchos más los que precisarían ayuda médica pero se quedan solos y desprotegidos esperando a que se les pase la borrachera”.

 
 

Cuando aterrizan en el instituto

El paso al instituto, a los 12 años, es un momento delicado. Laura explica que notó un cambio muy grande. En el colegio nadie salía de fiesta. En la ESO los chicos empiezan a sentirse mayores, a relacionarse con algún que otro repetidor, y a querer hacer vida adulta, lo que para muchos implica beber. “Normalmente la gente empieza a ir a las fiestas de los pueblos, y allí hay mucho alcohol y chicos mayores”, cuenta. Así empieza a aparecer una nueva forma de ocio y las botellas llegan al parque al que hasta hacía bien poco solo iban para jugar al fútbol o al baloncesto.

Miguel Rodríguez se encuentra en el hospital a los que peor acaban un viernes o sábado por la noche. Muchos, provenientes de estas fiestas de pueblo en las que los más pequeños se inician con el alcohol. Rodríguez es médico residente de pediatría del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y lleva cuatro años atendiendo servicios de urgencias pediátricas —menores hasta los 16 años en la Comunidad de Madrid, hasta los 14 en otras—. Muchas veces son muy pequeños, de 12, 13 y 14 años, los que llegan solos al centro, en ambulancia.

“Suelen ser los amigos los que llaman”, explica. “Se asustan porque ven al chaval mal, que empieza a vomitar mucho o se duerme y no logran despertarlo, y deciden avisar. Pero no es raro que después se vayan y lo dejen solo en la calle para que los sanitarios no les hagan preguntas. Tampoco es excepcional que los compañeros de fiesta se desentiendan y no avisen a nadie. En ocasiones llegan chavales hipotérmicos que se han quedado solos dormidos en un banco de la calle en pleno invierno. El alcohol no solo es peligroso por el efecto directo sobre el organismo, sino por lo que puede suceder a un adolescente borracho que no tiene quien le ayude”.

 

No es lo habitual, pero en cuatro años ha visto varios casos de comas etílicos en menores de 16 años, y alguna muerte. “Es un drama. Jóvenes sanos con toda la vida por delante que pueden perder la vida por haber bebido más de la cuenta. No tiene ningún sentido. Y todo enmarcado dentro de una gran permisividad social”.

Más borracheras que hace 20 años

Cerca del 80% de los chavales de entre 14 y 18 años ha bebido alcohol, según la Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España 2014-2015, elaborada por el Ministerio de Sanidad. La edad media de inicio está en los 13,9 años. Un 33,4% de los chicos y un 31% de las chicas habían tenido durante los 30 días anteriores a la encuesta algún atracón de alcohol (cinco copas o más) y el 22,2% se había emborrachado. Seis puntos más que en 1994. Y la mayoría no necesitó ningún intermediario para comprar las bebidas: lo hizo directamente en alguna tienda en la que nadie le pidió la documentación.

El delegado del Plan Nacional sobre Drogas, Babín, considera que el problema es grave y va en aumento. “Necesitamos abrir un debate social sobre una situación enormemente dañina para el desarrollo y la salud de nuestros menores”, señala. “Las encuestas nos dicen que el consumo en general entre menores va disminuyendo, pero el consumo de riesgo, con atracones y borracheras, aumenta. Y los menores empiezan a beber cada vez antes. La sociedad tiene que concienciarse y las leyes tienen que cumplirse. No podemos seguir siendo tan permisivos”.

La forma de empezar a beber ha cambiado notablemente en España en las últimas décadas. “Antes el primer consumo de alcohol se hacía en casa, con eso que ahora suena tan salvaje de dar a los niños pan con vino y azúcar de postre”, señala el sociólogo Artemio Baigorri, profesor de la Universidad de Extremadura. “Era un elemento de nuestra cultura y el alcohol se iba introduciendo poco a poco. Ahora lo aprenden con sus iguales y dentro de un modelo globalizado: los países del norte han incorporado nuestro botellón y nosotros, sus atracones. Está mal visto que los padres eduquen en el alcohol a los hijos pero las familias les dan dinero y un móvil con 13 años y no controlan lo que sucede después. Es una gran hipocresía”.

Lo que dicen los padres

La tolerancia hacia el alcohol alcanza a todos: familias, instituciones, empresas… “Los padres tienen reacciones muy distintas cuando les llamamos para avisarles de que su hijo está en urgencias y borracho”, relata el pediatra Rodríguez. “Algunos se enfadan mucho con los chavales y les echan una bronca de escándalo, otros son más comedidos, otros dicen que a quién no le ha pasado algo así de joven y minimizan lo ocurrido, algunos hasta se ríen…”.

 

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