Cuentos de Afanti III (2)


Esta es la segunda parte del cuento que dejé a medias ayer…. lo siento pero Afanti requiere que se cuente en su totalidad…. Y mas cunado un lector del Rincon se ha esforzado en buscarlo, contarlo y compartirlo …

Como las anteriores jornadas, al despuntar el alba, cargo nuevamente el burro, se hacia ayudar por el Tuerto, quien le alcanzaba bien temprano, el hielo y las nieves endurecidas. Volviendo su cabeza hacia la casa, esta vez, dejo que sus esposas siguieran durmiendo.

afanty4Llego mas temprano que nunca al Zoco y se puso debajo del árbol, que lo bendecía con su sombra, atando a su lado, el pollino. Ofreció como siempre, a viva voz su mercancía y vendió bastante, mas que en los días anteriores y nuevamente restaba lo que había en el fondo de las vasijas, sabia por experiencia, el gusto de los compradores, no se lo comprarían y él necesitaba mucho mas que antes los pocos dirhems, que eso le reportaba y se dijo que hoy, eso no le sucedería.

Miro hacia todos lados, tratando que se le ocurriera uno de sus hábiles pensamientos, una idea salvadora, algo que pudiera utilizar.

Observo a su lado, y vio que su burro había defecado y quedaba una buena cantidad de estiércol debajo de sus patas, sin pensarlo dos veces, recogió con un trozo de madera, todo lo que el pollino había dejado debajo de él, tapo con su chilaba la vasija para que el movimiento pasara inadvertido por todos, y deposito una buena cantidad, en el fondo de uno de los recipientes ya vacío, y lo lleno del articulo que mas se vendió ese día, el yayik.

Buen burro, parece que no eres tan torpe, pensó. Esta vez si que te has portado bien con tu amo.

Todo lo que quedaba de los demás recipientes, también lo volcó dentro de ese, el que tenia el estiércol del pollino en el fondo y al fin observo con satisfacción que el yayik, con los trozos de hielo flotando, gracias al colchón que su buen y amable jumento le había proporcionado, casi rebalsaba la jofaina.

Un grito lo sorprendió.

¡Hola mi buen amigo!. Exclamo al pasar, por allí, el marchante que lo había visitado la semana anterior.

¡Como estas y como están tus esposas! Veo que has seguido mi consejo y estas vendiendo bien, de lo cual me alegro y mucho, así me lo han dicho los amigos que se acercan a todas horas y ya son clientes tuyos. Muy buena la ocurrencia de quedarte aquí, debajo de este árbol, para pregonar y vender a la sombra, tu mercancía. Que bien se esta aquí y no allí, cerca de los excusados, mi buen amigo, es terrible lo que tuviste que aguantar día tras día y nosotros el tener que pasar por ese indecente lugar.

Bien ¡Ahora vamos a lo nuestro! Dijo restregándose alegre las manos. Tengo hambre y mucha sed y te pido que me dejes probar de tu yayik, que por lo que veo, hay bastante y debe de estar fresco, por los trozos de hielo que noto. No solamente consumiré aquí y ahora, varias copas, sino que también llevare para el viaje de vuelta algo, para mi casa.

Esta muy lejos y me apetecería llevar alguna escudilla para el camino.afanti2

Afanti, sorprendido y alarmado ante el giro que tomaban los acontecimientos, temeroso y tratando que su jugada no se descubriera, tomo el cucharón y lenta y muy cuidadosamente, comenzó a servir en la escudilla, lo que flotaba en la parte superior de la jofaina, cuidando que su amigo ni nadie, advirtiesen nada. Después de servirle una buena cantidad, con ademanes rápidos, inició el movimiento para levantar sus vasijas y retirarse, se debía de ir y rápido, tratando de que su ansiedad no se notara, miraba sonriendo estúpidamente a su conocido, y hacia todos lados, ya poca era la gente que quedaba en las calles, pasaba ya la hora cuarta de la tarde, debía marcharse urgente, antes de que este buen hombre, a quien debía su suerte, se percatase de lo que había a en el fondo del recipiente.

¡Espera amigo mío! ¡Cómo es que te vas! Aun no he terminado. Antes de marcharte, dame más de este excelente yayik, una escudilla me sabe a poco. ¡Hace tiempo que no pruebo algo tan excelente! ¡Que bien lo han hecho tus esposas! ¡Te felicito!. Dame mas, por favor, quiero más.

Afanti, a regañadientes y murmurando por lo bajo, moviendo la cabeza, lenta y muy cuidadosamente fue sacando otra vez de la parte superior de la vasija parte del alimento, los hados y la suerte, quisieron que nada se notara.

Mas, al darse la vuelta para traer a su burro y montar sobre el, todo el bagaje, alarmado vio que el marchante había terminado de comer y tomaba el cucharón de madera, y hacia ademán de servirse el mismo, una ración mas.

Afanti, levanto las manos al cielo exclamando. ¡Por favor, amigo mío! ¡Deja que me vaya a mi casa! Te suplico encarecidamente, mira, vuelve mañana que te regalare una vasija entera de tu alimento preferido, hazlo así por favor, hazlo por los Ángeles que pueblan el firmamento, por todos los Yinns y demonios de los infiernos, por las Santas Barbas del Profeta, te pido y te imploro, ya veras lo que es estar agradecido, por haber dispensado hacia mi humilde persona, tus sabios e inteligentes consejos y cambiar mi suerte.

El marchante, lo escuchaba sorprendido, pero, seguía con la cuchara en la mano, revolviendo el yayik. Y cada vez más. Ya previendo que lo inevitable y su ruina estaban cercanos, Afanti, levantando las manos, le dijo.

Mira mi amigo, te daré un sabio consejo, permítemelo que te lo de, por que soy mucho mayor que tú y tengo mucha mas experiencia en la vida, que el Altísimo me ha brindado, Alabado sea su Santo Nombre.

Tú eres un hombre inteligente e ilustrado. Casi un sabio comparado con hombres como nosotros. Pero, por la experiencia que nos conceden los años, te explicaré algo.

Cuando alguien te dice, que no revuelvas más, déjalo de hacer, no revuelvas más.

¿Qué buscabas queriendo llegar al fondo de la vasija?

Cuando alguien te dice que no metas la cuchara, para de hacerlo, no la metas más. Y punto. Te he dicho que no revuelvas, pues si lo sigues haciendo, saldrá toda la suciedad de abajo, y eso es lo que debes hacer, debes paralizar tu mano, entrégame la cuchara y hazlo inmediatamente, si no quieres que termine emergiendo todo el mal olor y la suciedad del fondo de la vasija.

afanty3Pero, sus palabras llegaron tarde, algo negruzco y verdoso apareció flotando sobre la superficie del alimento. El marchante, adivinando de lo que se trataba, por el nauseabundo olor que emanaba, arrojando la cuchara, la escudilla y asqueado, escupiendo reiteradas veces, le grito.

¡Afanti! ¡Que me has dado de comer! ¡Pero esto que es! ¡¿Es estiércol? ¿Es defecación lo que comí?. Pero, ¡Que repugnancia! !Como puedes haberme hecho algo así! ¡Tendí mi mano hacia ti! ¡Y así me lo pagas! ¡Esto lo sabrá toda la comarca!

Pero, Afanti, haciendo un gesto con la mano, le dijo mirándolo a los ojos, con palabras quedas y en forma serena.

Mira amigo, no te enfades, no te sulfures, no grites ni te alteres que será peor, estate tranquilo, déjalo pasar y atiéndeme. Nuevamente de pido, no grites y escucha, pon atención.

¡¿No te dije que no revolvieras más, que cuando más lo hicieras, mas suciedad saldría!? ¡¿No fue eso lo que te dije!?

Ahora guarda silencio, corta el sonido de tu voz, cierra la boca, date la vuelta y vete, piérdete, sal de mi vista, ve y encuentra tu camino.

Vete tranquilamente, no mires para atrás y no se lo digas nada a nadie, ¡Me comprendes!. ¡¿Me has escuchado!?

Porque si así no lo haces, todos, pero todos, en toda Persia, sabrán que comiste estiércol, y la causa fue, el haber revuelto lo que no te correspondía, por haberte mezclado en lo que no debías, y encima por haber metido la cuchara donde tampoco debías.
¡Y ahora! ¡Vete de mi vista! ! Piérdete!… !Que Sheitan te arrastre al fondo de los infiernos!

Y así, el marchante calladamente, sin siquiera atinar a mirar para atrás, y para que nadie supiera lo que había comido, siguió en silencio su camino y Afanti, con su fiel pollino, canturreando una vieja melodía, logro llegar a su casa.

Siempre es mejor dejar que los problemas se decanten solos. El tiempo, la tolerancia, las palabras sabias y los sabios consejos fraternos, curan las heridas. Únicamente, lo peor, aflora a la superficie, cuando alguien remueve todo, mucho y más allá de lo debido, tratando de llegar al fondo de la vasija.

 

 

Buena moraleja…¿no es verdad?

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