Cuentos de Afanti III

El post de hoy se lo debo nuevamente a un lector….. Un nuevo cuento de Afanti que un morador del Rincon ha tenido a bien compartir con nosotros… Yo solo lo transcribo, para que no quede solo en un mero comentario…. Merece ser destacado como post….

Se lo agradezco de todo corazón …..

Es bastante largo… quizá el mayor post que haya puesto hasta ahora, por eso voy a dividirlo en dos partes… una que cuento ahora y otra que haré mañana…..

Afanti, vivía en un pequeño pueblo, recostado en las cercanías de unos montes, donde los pinares y árboles frutales silvestres formaban tupidos bosques. En las noches de suaves brisas, estas traían a la población, el perfume característico de esas plantas. Este pueblo tenia la particularidad de encontrarse en un antiguo cruce de caminos y estaba construido al margen de un río, de donde se proveía de agua a la población, eran gélidas aguas provenientes de los deshielos, y de algunos manantiales montaña arriba, siempre limpia, clara y transparente.

Por uno de los caminos, los viajeros se encaminaban hacia el norte del país y por el otro se podía llegar, siguiendo los senderos de los montes, hasta las mismas orillas del mar Caspio.

afanti2Afanti, para ganarse malamente la vida, se dedicaba a la venta de quesos, yogurt y demás, no tenía profesión ni oficio alguno, así que se conformaba con lo que el destino le había proveído.

Mientras el se encontraba en su puesto de venta, en el pequeño comercio, desde la mañana bien temprano, sus dos esposas, una anciana casi de su misma edad y la otra mucho más joven, se dedicaban a preparar para el próximo día lo que se debía de vender.

Afanti, tenia un lugar ya en forma permanente en el Zoco (mercado) del pueblo, se lo habían cedido casi gratis y como de lastima, estaba situado fuera del centro del Mercado, muy en la periferia, y prácticamente al lado de los orinales, cuyo penetrante olor, al cabo de las jornadas, y mucho mas en las de intenso calor, llegaba continuamente hasta su puesto, pero, estaba obligado a aguantarlo estoicamente. No había tenido los dinares suficientes para conseguir una tienda más cerca del centro, o en un lugar un poco más conveniente.

Quienes se atrevían a pasar por allí, lo hacían únicamente por una necesidad urgente y siempre arrugando las narices, además de dirigir a Afanti, miradas de desprecio. Esa circunstancia hacia que su tenderete, fuera uno de los menos frecuentados de toda la comarca, pero en fin, el se consolaba levantando los ojos y los brazos al cielo, diciendo.

- Así es la vida de los pobres, lo mejor es conformarse con el Kismet que Nuestro Altísimo, Alabado sea su Nombre, nos adjudico a cada uno, en su Vasta Sabiduría.

Pero, poco a poco y con una economía restringida a los gastos cotidianos de lo mas mínimo, logro que su posición económica fuera de alguna manera segura, fueran vientos, lluvias o granizo, él, se dirigía siempre montado en su fiel pollino, bien cargado, al Zoco, saludaba a todos sus amigos y conocidos, abría su insignificante tienda y esperaba pacientemente a los compradores, lo que vendía en realidad no era una mercadería imperecedera ni tampoco valiosa, como ser telas bordadas y calzado traídos desde la India o la Capital de Persia, por las largas caravanas que deambulaban por los desiertos, ni dulces, ni tampoco papel de cartas ni plumas ni tintas de la China, ni adornos para las amas de casa, ni camisas ni chilabas para los hombres, ni tampoco vendía, alhajas ni collares ni anillos de gran valor, tampoco juguetes para alegría de los niños, ni instrumentos musicales.

No, el se dedicaba a vender, quesos, yogurt y también yogurt diluido con agua fresca, el conocido ayran, inmerso en las tinajas que tenia para tal fin, enfriado en los meses del estío, con las nieves de las cumbres, o el hielo que se formaba, desde donde comenzaba el río, que su amigo el Tuerto, cotidianamente le traía bien temprano, a cambio de unos pocos dirhems, de las altas cumbres de los montes Elbruz. El yogurt, durante el día lo preparaban, mientras el se encontraba en el tenderete, vendiendo lo poco que tenía para ofrecer, sus abnegadas y sumisas esposas, la mayor de las dos, era quien llevaba el peso del trabajo, pues la mas joven dormía hasta casi el mediodía, recién se levantaba bostezando, cuando su esposo volvía del Zoco, para atenderlo.

Sus hijos, los mayores, eran dos obedientes y activos jóvenes, estos eran Omar y Shariah y ya incursionaban como” chracks”(aprendices) en los oficios en que su diligente padre los había colocado en los talleres de sus amigos. Poca era la paga que recibían, pero era inmenso el conocimiento que adquirirían, en el futuro si perseveraban y se ganaban el nombre de Maestro cada uno de ellos en sus oficios.afanty1

En uno de esos días de tremendo calor, en que el céfiro traía desde el desierto su candente, sofocante y tórrido soplo, un viandante que se había acercado a los excusados, y después de terminar sus necesidades, y a pesar de que arrugaba constantemente la nariz por el intenso olor predominante, trataba de mitigarlo, situando un pañuelo perfumado en su cara, vio la tienda de Afanti. Antes de proseguir su camino, por curiosidad, se acerco, preguntado si además de yogurt y ayran fresco, vendía también “yayik”.

Es decir, el alimento elaborado en base de yogurt diluido, mezclado con algo de ajos y pepinillos bien cortados, con hierba buena seca triturada, que le daba el intenso sabor, inmerso en las tinajas donde se podría tomar frío, con el agua diluida de las nieves de las altas cumbres.

Afanti, asombrado y perplejo, le dijo que no, que no tenia ni que había pensado nunca que interesara a sus compradores, el Yayik, pues, cada uno lo ordenaba preparar en sus casas, a sus esposas, madres o hermanas, pero el marchante, hombre de experiencia y de muchos caminos y senderos en sus espaldas, le convenció de que la mezcla de los ajos y el pepinillo, con el ayran, bien enfriado, eran muy convenientes para disipar el calor, además de ser un alimento agradable al paladar, y si se encontraba en las tinajas al frío de las aguas de las nieves, o el hielo de los ríos de montaña, era mucho mejor y mas liviano para los estómagos castigados de los viajantes, que debían de comer en cualquier sitio, y esto era lo mejor, sin tener que recurrir a las comidas grasas ni a las carnes, ni tan livianas como comer únicamente vegetales y frutos, que pasada una hora, otra vez el hambre tocaba música en sus vientres.

Así que el buen hombre, lo persuadió en forma perspicaz e inteligente, que para la próxima semana, a su vuelta al Zoco, le ordenara preparar a sus esposas ese alimento, que el se encargaría, después de haberlo probado y constatada su calidad, de hacer correr la voz para que todos los comerciantes, marchantes, buhoneros, mercachifles y mendigos profesionales e indigentes del Zoco, le compraran, inclusive lo podrían transportar hasta sus casas, si es que estaba bien preparado, para ahorrarle a sus esposas el tener que molestarse.

Pero, seria mejor para el, que transportara el alimento, en las tinajas hasta el centro del Zoco, pues la venta seria mucho mejor, que allí en su tenderete, total, lo podría hacer montado en el burro, vendiéndolo directamente desde la tinajas que como alforjas llevaría hasta las mismas casas o tiendas de los comerciantes, si se lo requirieran. Se despidió con una sonrisa de Afanti, y luego de una ligera genuflexión, le deseo augurios de felicidad para el y buena salud, a sus esposas, quienes seguramente prepararían el yayik.

Afanti, adivinó inmediatamente el pensamiento del comerciante, movió la cabeza, pensando e intuyendo que a pesar de que sus quesos, el yogurt, el ayran o el mismísimo yayik, fuera todo lo bueno y del mejor sabor que sus diligentes esposas lo supieran preparar, muy pocos se atreverían a llegarse hasta el lado de los lavabos para compararle. Vio una razón muy valedera en el consejo del mercante. Así, al cabo de la jornada, llego el momento de cerrar su tenderete, lo cubrió, como todos los días, con una gastada, vieja y descolorida tela y se oriento, montado y pensativo, en su fiel pollino, hacia su casa.

Ensimismado y cavilando, sobre las palabras y el sabio consejo vertido por el marchante, dejo las riendas sueltas para que el burro, se dirigiera solo, a su vivienda, que estaba situada, del otro lado del río, apenas cruzando el antiguo puente, construido desde los antiguos tiempos de los Román.

Apenas abrió la desvencijada puerta de su casa, llamo a sus esposas.

¡! Mujeres!! ¡! Esposas mías!! ¡! Acudid!! ¡! Venid!! ¡! Rápido!! Tengo una noticia para ustedes. Parece que la suerte esta flotando sobre nosotros y ha golpeado nuestra puerta.

Las dos esposas, asombradas, dejaron de lado sus quehaceres, en los semiderruidos cobertizos, detrás de la morada, donde elaboraban los quesos y el yogurt y limpiándose las manos en sus delantales, y con cierto temor, se acercaron sumisas a la presencia de su marido.

Si, esposo nuestro, dueño mío, dijo la mayor de las dos, hombre de nuestro corazón, alma nuestra, padre de nuestros amados hijos, dinos, te suplicamos, exprésanos, que es lo que te sucede que te encuentras tan excitado y alterado. ¡¿Acaso ha muerto alguien!?

Alzando en brazos al más pequeño de sus hijos, que apenas su estatura se levantaba un palmo del suelo, Afanti, en silencio, se sentó, cruzando las piernas, arrellanándose en el almohadón y en el rincón favorito de la casa. Se meció las barbas y antes de pronunciar palabra alguna, dirigió su mirada a las mujeres que temerosas y obedientes, permanecían de pie ante él, aguardando su respuesta.

afanty3Bien, esposas mías, queridas de mi alma y mi corazón, luces de mis ojos, tiernas madres de mis hijos, no temáis, nadie ha muerto, por lo contrario, parece que la suerte planea sobre nuestra morada, deberéis de hacer algo que únicamente por ahora, lo hemos consumido en nuestro hogar, pero ahora lo haréis, en una cantidad como para que lo pueda vender en el Mercado y ese alimento tan simple y que lo sabéis preparar mejor que nadie, es el yayik.

- A ver, pensemos queridas esposas mías, amadas de mi corazón, madres de mis hijos. ¿De todo lo que hacéis? ¿Qué es lo que menos se vende? ¿Qué es lo que siempre sobra? ¿Será acaso el queso? ¿El yogurt? ¿El ayran? A ver, cavilemos ¿Cual de los comestibles que vosotras diligentemente elaboráis, es lo que menos se vende en el Mercado? y eso precisamente es lo que dejaremos de hacer, para reemplazarlo por el yayik…¿Qué os parece? ¿Esta buena la idea? ¿Lo podremos hacer así?.

- Quiero una respuesta de vosotras, pero esta debe ser afirmativa.

Pues tengo ya un importante pedido para un famoso Viandante, les dijo, mintiendo a sus esposas.

Sari Bulbul, su joven esposa, respondió rápidamente.

Mira mi querido esposo, si es que tienes un pedido y estas seguro que lo podrás vender, así lo haremos, dejaremos por unos días lo mas pesado de fabricar que es el queso y lo que menos vendes, pero, debes de decirle al estúpido descerebrado ese, que es tu amigo, el Tuerto, que nos consiga los pepinillos y el ajo de las huertas que están, del otro lado del río, para nosotras es muy largo ese camino y tardaríamos mucho, en ir y volver y además dile, a ese sucio majadero, que cuando venga, deje a todos esos perros sarnosos que le siguen, fuera y no que estén rondando junto a el cuando entra en los cobertizos..

Dando la razón íntimamente a su esposa, se levanto para dirigirse a la casa del Tuerto, su amigo de muchos años, para hacerle el encargo, algunas monedas tuvo que sacar de la vasija que tenia escondida en el establo del pollino y alegremente cantando una canción, montado en el cansado burro, se dirigió hasta el otro lado del río, donde vivía su ilustre, aunque un poco atenuado mental, su amigo. Llego hasta la parte antigua del pueblo subiendo una cuesta, tratando de conversar y llegar a un acuerdo con el Tuerto. Este, estaba sentado a la sombra, en la entrada de su añosa morada, construida por sus abuelos, al verlo llegar, se levanto y lo saludo amistosamente, pues casi nadie en el pueblo salvo ocasionalmente, le dirigía la palabra.afanty4

Afanti, después de sentarse a su lado, y preguntar por sus ancianos padres, termino haciéndole los encargos, le puso unos dirhems en la mano, envió saludos a los progenitores del Tuerto y retornó a su hogar.

El día siguiente transcurrió sin que hubiera mayores cambios en el Zoco, los marchantes que se dirigían hacia el sur, al llegar a su puesto, apresuraban la marcha para apartarse, en fin, sin penas ni gloria, termino la jornada y nuestro amigo, se dirigió a su morada, esperando que sus esposas hubieran terminado su encargo. Condujo el pollino a su pesebre, le puso algo de pienso y entro por la parte trasera a su casa.

El olor de los ajos y pepinillos llenaba todo el ambiente, satisfecho saludo alegremente a su esposa, la mayor, preguntándole por la mas joven, ella le dijo, que estaba triturando la hierba buena, para agregarla al yayik, detrás, en la cocina. Orgulloso, de la diligencia de sus esposas, se sentó en su almohadón preferido y al instante se quedo dormido.

Muy temprano, casi al despuntar la mañana, se despertó y recordando todo en un instante, fue hasta el cobertizo detrás de la casa y preparo las jofainas donde pondría el yogurt, el ayran y el yayik, coloco los arneses sobre el burro, poniendo a cada lado las jofainas. Ya sus esposas con el ruido y las prisas, estaban levantadas.

Colocaron entre todos, lo producido dentro de los limpios recipientes, esperando que llegase el Tuerto con el hielo y las nieves, para enfriarlo, la jornada seria larga y hacia falta una buena cantidad.

Al fin apareció su amigo, colocaron entre los dos, las nieves endurecidas por el frió en las jofainas y lentamente, por estar el burro demasiado cargado, se dirigió hacia el Zoco. Viendo jadear al pollino, pensó

No temas mi buen amigo, ahora vas cargado, pero te seguro que volverás liviano, ya lo veras… ya lo veras.

Esta vez, en lugar de encaminarse hacia su tienda, pasó de largo y se llego hasta el mismo centro del Mercado, allí, situándose a la sombra de un sicómoro, comenzó a pregonar a viva voz su mercancía.

Muchos lo conocían, lo saludaban y se alegraban de verlo, así, lentamente, con el transcurrir de la jornada, el olor de los ajos, los pepinillos, el fresco sabor de la bebida fría, el yogurt y el ayran, atrajo a jóvenes y mayores a servirse un vaso o comer, por un precio muy módico, lo que diligentemente les ofrecía, Afanti.

Un vaso uno, un platillo otro, un poco mas aquel y así, lentamente, se fue terminando todo lo que había llevado, pero, al querer vender lo ultimo que le quedaba, casi al final de la jornada, viendo los compradores que debía de rascar el fondo de las vasijas para ofrecérselos, declinaban de la compra, querían que les vendiera lo que estaba mas fresco, con el hielo flotando en los vasos y no lo que quedaba, según ellos del día anterior, no sabían ni suponían, que no había acaecido nada en la jornada anterior.

Sucedió lo mismo, los días subsiguientes, cuando los compradores advertían que restaba lo que quedaba en el fondo, ya con ausencia de hielo, en los recipientes, se negaban a comprar y seguían de largo. Esto dio que pensar a Afanti, estaba perplejo, pensativo, se dijo que la jornada siguiente debía de solucionarlo de alguna manera. Tenia que vender todo, si quería que le rindiera alguna ganancia.

Al llegar a casa, alegre, mostró lo ganado a sus esposas y observo en los ojos de ellas, algo que desde hacia mucho tiempo no veía, el brillo especial que las mujeres sienten al haber hecho bien las cosas, esperando la recompensa de ser tratadas bien esa noche, se codeaban, mirándose de soslayo, riendo nerviosas, dirigiendo miradas cómplices entre si y a su marido. Moviendo la cabeza de un lado a otro, Afanti sonriendo, se dijo que las cosas estaban mejor, mucho mejor, que antes………..

Contunuará…..

Cuentos de Afanti II

El protagonista de hoy de mi blog es alguien a quien tenía abandonado desde hace tiempo…. Afanti y sus cuentos…¿lo recuerdas? ….. El inteligente Afanti, que con su particular manera de ver las cosas, nos deja grandes enseñanzas.

Su acciones para algunos lógicas y para otros sin sentido hace pasar un rato divertido… quien ha leido algo de sus aventuras, lo sabe bien….

¿Y sabes por qué he decidido volver a hablar de Afantí? porque un lector, ha encontrado para mí una de sus historias…. y me la enviado…. así que es un buen momento para recuperar sus historias…. en agradecimiento al lector que se ha tomado la molestia de buscarla y escribirla en un comentario….. Gracias….

Aqui va la historia:

afanti2El más glotón
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Un rico personaje, amigo del emperador, siempre intentaba burlarse del sabio e ingenioso Afanti. Un día hizo traer desde la ciudad de Hami una gran cantidad de exquisitos melones, dulces como la miel. Y organizó un banquete con varios invitados importantes, entre los que incluyó a Afanti, haciéndolo sentar a su lado.

El dueño de casa servía a los presentes y amenizaba la charla con gran entusiasmo, proponiendo temas de discusión interesantes para mantenerlos distraídos mientras, con gran disimulo, iba colocando las cáscaras de su melón cerca de Afanti.

Cuando terminaron el último melón, este hombre presuntuoso quiso completar su broma a Afanti, quien más de una vez lo había hecho quedar en ridículo con sus observaciones, tan atinadas como irónicas.

-Miren, amigos, la cantidad de cáscaras de melón que consiguió Afanti: ¡toda una colección! Para ser un sabio, sí que tiene buen apetito, comió el doble que todos nosotros. ¡Propongo nombrarlo de ahora en adelante el Gran Sabio Tragón!

Todos los presentes lanzaron una carcajada a costa de Afanti, que los miró y se sonrió con toda tranquilidad.

-Es cierto -dijo Afanti, compartiendo con una sonrisa el buen humor general-. Yo comí melón, pero dejé de lado las cáscaras. En cambio, observen el lugar donde se sienta el dueño de casa. Lo hemos visto comer igual que todos nosotros y sin embargo no tiene cerca de él ni una sola cáscara. No cualquiera se come un melón con cáscara y todo. ¡Eso sí que es ser el Emperador de los glotones!

Por algo es tan conocido el la literatura oriental…..

Gracias de nuevo….

https://www.facebook.com/pages/El-rinc%C3%B3n-de-Mayriel/298212513538099

Cuentos de Afanti…

Hoy no se me apetece escribir mucho…. estoy , digamos, desganada… Pero no quiero dejar el rinconcito sin post hoy, así que voy a recurrir a lo facil…

Hace un par de semanas mi novio, viendo el trajín que hay por estos lares me dijo: ¿ y por qué no compartes los “cuentos de Afanti”? … Él siempre me ha dado buenos consejos (mi novio) y bueno aqui estoy…

El de Afanti es un libro de cuentos, de esos de moralejas… como las fábulas que leíamos de niños…. y la verdad es que pasas un rato divertido. No hay mucha información sobre Afanti en las interminables autopistas de la información… así que bueno, espero que si alguien siente la misma curiosidad que yo , esto le sirva de algo.

Afanti es uno de los protagonistas indiscutibles de la literatura oriental. Llamado en persa Nasreddin , en  Árabe: Joĥa, Albanés “Nostradin Hoxha” o “Nostradini”, Turco “Nasreddin Hoca”, Bosnio “Hodža de Nasrudin”, Uzbek “Nasriddin Afandi” ….  es un legendario satírico seguidor del sufismo… una doctrina mística persa  ,  Cuentan que vivió allá por el siglo XIII…..
Muchas de las acciones que se cuentan en las historias de Afanti pueden ser , para algunos, ilógicas, pero tienen su punto lógico si se las mira desde el buen humor y la ironía …. son racionales, dentro de una tierna locura … pueden parecer extrañas y al mismo tiempo resultarnos normales…. absurdas  y a la vez  coherentes… simples, pero profundas si se las sabe mirar.

Lo mas curioso de todo es que esta locura de fábulas sin medidas han traspasado fronteras y alguien habrá sacado enseñanzas de ellas por que 1996 aunque ya nadie lo recuerde fue declarado Año Internacional del Afanti , o lo que es lo mismo de Nasreddin por la UNESCO…. Pero vamos allá con una de sus fábulas … si te gusta, a lo mejor otro día te cuento otra :


EL CONEJO MENSAJERO
Afanti llevó un conejo de su casa al Palacio Imperial para venderlo. El rey le preguntó:
- ¿Cuánto vale el conejo?
Afanti, sonriendo, respondió:
- El conejo en sí vale cincuenta yuanes. Sin embargo, yo estimo su valor en cien yuanes. Si quiere comprarlo, se lo dejo.
- ¡Eh, Afanti! – dijo el rey muy descontento -. ¡Un conejo no vale tanto! Dime, ¿qué facultades especiales posee?
- Majestad, mi conejo no es un conejo cualquiera. ¡Es un conejo mensajero! – recalcó Afanti con resonantes frases -. Este conejo tiene grandes propiedades: es muy inteligente y sagaz, sabe orientarse, puede recorrer 50 kilómetros al día y de noche no se desorienta. Lo he criado con esmero y adiestrado durante muchos años. Además, mi conejo posee el don de transmitir mensajes.
- ¿Transmitir mensajes? – preguntó el rey con asombro y curiosidad al mismo tiempo -. ¿Es cierto lo que dices o te diviertes conmigo? – agregó, frunciendo el entrecejo.
- No miento en lo más mínimo – dijo con seriedad Afanti -. Un plebeyo no se atreve a bromear con el rey.
- Bien, bien – replicó el rey, atusándose el bigote con aire reflexivo -. Te someto a prueba in fraganti – dijo -. Si el conejo demuestra en los hechos que has dicho la verdad, te pagaré cien yuanes. Si en la práctica demuestra que has mentido, serás decapitado.
- ¡Bien, bien! – contestó Afanti con seguridad -. Su Majestad puede proponer ahora mismo una prueba.
El rey reflexionó durante largo rato. Luego, guiñando los ojos, se dirigió a Afanti:
- Ordena al conejo avisar a tu esposa que el rey pronto llegará. Indícale a tu esposa que prepare arroz cocido y té con leche.
- ¡Si, si, si! – respondió Afanti, transmitiendo seguidamente las palabras del rey al conejo, mientras le dejaba en libertad.
El Conejo corriendo y saltando, no tardó mucho tiempo en regresar a casa de Afanti.
Cuando Afanti retornó a su casa, en compañía del rey, ya la mesa estaba dispuesta y en su centro se destacaba un plato de cobre lleno de delicioso arroz cocido, mientras de las brazas se desprendía el dulce aroma del té con leche. El conejo, acurrucado en un rincón del patio, jugueteaba tranquilamente, llevando las patas delanteras a su bigote.
Al observar todo esto, el rey sonriendo dijo:
- ¡Bien, bien! ¡Afanti, te compro el conejo!
Así diciendo, el rey entregó a Afanti cien yuanes que llevaba consigo. Luego, muy satisfecho y con el conejo en brazos, regresó a su palacio.
Al día siguiente, para hacer gala de la sagacidad del conejo, el rey tomó personalmente una decisión: concedería un día de descanso a los funcionarios civiles y militares, quienes volverían a sus respectivos hogares para reunirse con sus familiares. En caso de que en la Corte surgiese algún asunto de importancia, el conejo mensajero lo comunicaría a los funcionarios.
Aquel día, la hambrienta población civil de la capital del Estado, hombres, mujeres, ancianos y niños, irrumpieron en grupos en el palacio imperial. El rey, temblando de miedo, sintió viva ansiedad. Enseguida ordenó al conejo mensajero que corriera rápidamente a comunicar la situación a los funcionarios civiles y militares. Entre tanto, dirigió sus plegarias a Dios para que le protegiera.
El conejo mensajero, después de salir de palacio imperial, regresó directamente a casa de Afanti. Cuando los funcionarios civiles y militares llegaron al palacio imperial, una vez concluido su día de reposo, la población civil había sacado todos los cereales del granero del Palacio Imperial…. “

¿Qué moraleja sacas de esto?……

Como te dije cada cuento de Afanti puede ser un sin sentido para unos y para otros guarda un profundo significado y otros pueden darle mil significados distintos…Son de esos cuentos que aceptan varias lecturas. Cada vez que se leen adquieren un nuevo sentido, ofrecen una nueva respuesta…

Creo que está escrito para aquellas personas que no se conforman y que les gusta ingeniarselas casi con cualquier cosa…

¿Qué piensas ?… puedo continuar con los cuentos de Afanti?…. Lo dejo es tus manos….

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